La Tank Pod se agarra al depósito como si hubiera nacido ahí, sujeta por un sistema magnético que no se inmuta. Es compacta, con el sitio justo para lo esencial: la cartera, el móvil, una navaja o un paquete de tabaco, si es lo tuyo.
La solapa de piel se levanta y deja ver el compartimento principal, cerrado con una cremallera YKK. Una segunda cremallera protege un bolsillo plano, estanco y listo para lo que necesite una capa extra de protección. Un fino bolsillo exterior abierto se traga el tique del peaje, el del parking o la tarjeta que vas a necesitar rápido.
La trasera lleva un panel de goma blanda hecho a medida que no raya la pintura, porque una buena bolsa sobredepósito no debe dejar huella. Al acabar la ruta, se suelta en medio segundo. Engancha la bandolera a las anillas en D laterales, o pasa el cinturón por las dos trabillas elásticas verticales de la trasera y llévala a la cintura. La Pod se convierte en bandolera o riñonera en un instante.
La Tank Pod aguanta tan bien la lluvia que tendrías que meterte en plena tormenta para que te falle.
Apóyala, deja que los imanes agarren y a rodar.
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